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27 giugno

Canto II [Altazor]

Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma

Al irte dejas una estrella en tu sitio
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro

¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque de los sueños

Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez

El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La hierba sobreviviente atada a la aventura
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga
Si hay un poco de viento

Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrima que rueda hacia adentro
Construido de miedo altivo y de silencio
Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad

He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda
Que nos separa con leguas de noche

Sin embargo te advierto que estamos cosidos
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño

En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atada al ruiseñor de las lunas
Que tiene un ritual sagrado en la garganta
Qué me importan los signos de la noche
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
Qué me importa ese miedo de flor en el vacío
Qué me importa el nombre de la nada
El nombre del desierto infinito
O de la voluntad o del azar que representan
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagio y de muerte

Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas
Con su propio lenguaje de semilla
Tu frente luminosa como un anillo de Dios
Más firme que todo en la flora del cielo
Sin torbellinos de universo que se encabrita
Como un caballo a causa de su sombra en el aire

Te pregunto otra vez
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?

Tengo en voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío

Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte
Y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
El pájaro de antaño en la clave del poeta

Sueño en un sueño sumergido
La cabellera que se ata hace el día
La cabellera al desatarse hace la noche
La vida se contempla en el olvido
Sólo viven tus ojos en el mundo
El único sistema planetario sin fatiga
Serena piel anclada en las alturas
Ajena a toda red y estratagema
En su fuerza de luz ensimismada
Detrás de ti la vida siente miedo
Porque eres la profundidad de toda cosa
El mundo deviene majestuoso cuando pasas
Se oyen caer lágrimas del cielo
Y borras en el alma adormecida
La amargura de ser vivo
Se hace liviano el orbe en las espaldas

Mi alegría es oir el ruido del viento en tus cabellos
(Reconozco ese ruido desde lejos)
Cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de árbol
Eres una lámpara de carne en la tormenta
Con los cabellos a todo viento
Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños
Mi alegría es mirarte solitaria en el diván del mundo

Como la mano de una princesa soñolienta
Con tus ojos que evocan un piano de olores
Una bebida de paroxismos
Una flor que está dejando de perfumar
Tus ojos hipnotizan la soledad
Como la rueda que sigue girando después de una catástrofe
Mi alegría es mirarte cuando escuchas
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
Y te quedas suspensa largo rato
Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante emoción
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el infinito
Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
Ni el arco iris con las alas selladas
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma

Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
Con la cabeza levantada
Y todo el cabello al viento
Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración

Mi gloria está en tus ojos
Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno
Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
Bajo el silencio estético de inmóviles pestañas
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
Y un viento de océano ondula tus pupilas

Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
Tu voz hace un imperio en el espacio
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en el aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito
Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad
Y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados
Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del éter
Y ese beso que hincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
Dormido a la sombra de tus senos

Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?
 
---*---
Definitivamente, Vicente Huidobro es uno de mis poetas favoritos
Estos versos son realmente preciosos...+
L.
19 maggio

Plegaria del Estudiante

¿Por qué me impones
lo que sabes
si quiero yo aprender
lo desconocido
y ser fuente
en mi propio descubrimiento?

El mundo de tu verdad es mi tragedia;
tu sabiduría, mi negación;
tu conquista, mi ausencia;
tu hacer, mi destrucción.

No es la bomba lo que me mata;
el fusil hiere,
mutila y acaba,
el gas envenena,
aniquila y suprime,
pero la verdad
seca mi boca,
apaga mi pensamiento
y niega mi poesía,
me hace antes de ser.

No quiero la verdad,
dame lo desconocido.

Déjame negarte
al hacer mi mundo
para que yo pueda también
ser mi propia negación
y a mi vez ser negado.

¿Cómo estar en lo nuevo
sin abandonar el presente?

No me instruyas,
déjame vivir
viviendo junto a mí,
que mi riqueza comience
donde tu acabas,
que tu muerte
sea mi nacimiento.

Me dices que lo desconocido
no se puede enseñar,
yo te digo que tampoco
se enseña lo conocido
y que cada hombre
hace el mundo al vivir.

Dime, que yo tejeré
sobre tu historia;
muéstrate para que yo pueda pararme
sobre tus hombros.

Revélate para que
desde ti pueda yo
ser y hacer lo distinto;
yo tomaré de ti
lo superfluo, no la verdad
que mata y congela;
yo tomaré tu ignorancia
para construir mi inocencia.

¿No te das cuenta
de que has querido
combatir la guerra
con la paz, y la paz
es la afirmación de la guerra?

¿No te das cuenta
de que has querido
combatir la injusticia
con la justicia,
y que la justicia
es la afirmación de la miseria?

¿No te das cuenta
de que has querido combatir
la ignorancia
con la instrucción
y que la instrucción
es la afirmación de la ignorancia
porque destruye
la creatividad?

Tu conocimiento
nos muestra el mundo
o lo niega,
porque es la historia
de tus actos,
o lo negará porque
despertando tu imaginación
te llevará a cambiarlo

Deja que lo nuevo
sea lo nuevo
y que el tránsito
sea la negación del presente;
deja que lo conocido
sea mi liberación,
no mi esclavitud.

No es poco lo que te pido.

Tú has creído
que todo ser humano
puede pensar,
que todo ser humano
puede sentir.

Tú has creido
que todo ser humano
puede amar y crear.

Comprendo pues tu temor
cuando te pido
que vivas
de acuerdo a tu sabiduría
y que tú respetes
tus creencias;
ya no podrás predecir
la conducta de tu vecino,
tendrás que mirarlo;
ya no sabrás
lo que él te dice escuchandote,
tendrás que dejar poesía en sus palabras.
El error será
nuevamente posible
en el despertar
de la creatividad, y el otro tendrá presencia.

Tú, yo y él tendremos
que hacer el mundo.

La verdad perderá
su imperio
para que el ser humano
tenga el suyo.

No me instruyas,
vive junto a mi
tu fracaso es
que yo sea
idéntico a ti.

*Humberto Maturana R. (1972)*
02 maggio

La Dama de Shalott.

I parte

A ambos lados del río se despliegan
anchos campos de cebada y centeno,
que decoran la tierra y se reúnen con el cielo; 
y a través del campo se extiende el camino 
que va hacia las torres de Camelot;
y la gente va y viene,
contemplando el lugar donde se balancean los lirios
alrededor de la isla de allí abajo, 
la isla de Shalott. 

Los sauces palidecen, tiemblan los álamos, 
Las leves brisas se ensombrecen y tiemblan 
en las olas que discurren sin cesar 
por el río que rodea la isla 
fluyendo hacia Camelot.
Cuatro muros grises y cuatro torres grises,
dominan un lugar rebosante de flores,
y la silenciosa isla aprisiona
a la Dama de Shalott.

Por la orilla, cubiertas por los sauces, 
se deslizan las pesadas barcazas 
tiradas por lentos caballos; e ignorada 
navega la chalupa con revoltosa vela de seda 
rasurando las aguas hacia Camelot:
pero, ¿Quién la ha visto agitando su mano?
¿O asomada en el marco de la ventana?
¿Acaso es conocida en todo el reino 
la Dama de Shalott?

Sólo los segadores, segando temprano 
entre la espesura de cebada,
escuchan un canto que resuena vivamente 
desde el río transparente que serpea,
hacia las torres de Camelot:
Y a la luz de la luna, el cansado segador, 
apilando los fajos en aireadas mesetas, 
al escucharla, murmura: "Es el hada
Dama de Shalott". 

II parte

Allí, noche y día, teje 
un mágico lienzo de alegres colores.
Ha oído un susurro advirtiéndole 
que una maldición caerá sobre ella 
si mira hacia Camelot.
Desconoce el tipo de que maldición es, 
y debido a ello teje sin parar, 
sin preocuparse de nada más, 
la Dama de Shalott.
Y moviéndose a través de un cristalino espejo 
colgado todo el año ante ella, 
aparecen las tinieblas del mundo. 
Ve la cercana calzada 
discurriendo hacia Camelot:
ve los arremolinados torbellinos del río, 
los rudos patanes pueblerinos, 
y las capas rojas de las muchachas,
provinientes de Shalott.

A veces, un grupo de alegres damiselas, 
un abad deambulando, 
a veces, un pastorcillo con bucles en el pelo ,
o un paje con melena y vestido carmesí, 
van hacia las torres de Camelot;
Y a veces, a través del azul espejo 
los caballeros vienen cabalgando en pares: 
No tiene un caballero leal y franco, 
la Dama de Shalott.
Pero aún gozando en tejer 
en su lienzo las visiones del mágico espejo, 
-cuando a menudo en las noches silenciosas
un funeral, con velas, penachos 
y música, se dirigía hacia Camelot;
o cuando la luna estaba en lo alto, 
y llegaban dos amantes recién casados- 
"Cansada estoy de las sombras", 
dijo la Dama de Shalott.


III parte

A tiro de arco de su alero, 
cabalgaba entre los fajos de cebada, 
el sol resplandecía por entre las hojas, 
y llameó en las grebas de bronce 
del intrépido Lancelot.
Un cruzado de rodillas para siempre 
ante una dama en su escudo, 
que resplandecía entre los dorados campos, cercanos a la remota 
Shalott. 

Las engarzadas bridas brillaban libres, 
como las ramificaciones estelares que vemos 
suspendidas en la áurea Galaxia. 
Alegres resonaban los cascabeles 
mientras él cabalgaba hacia Camelot:
y de su ostentoso tahalí colgaba
un poderoso clarín de plata,
y al galope su armadura repicaba, 
cerca de la remota Shalott.
Bajo el azul del despejado día 
brillaba la lujosa montura de cuero,
el yelmo junto con su pluma
ardían juntos en una única llama, 
mientras él cabalgaba hacia Camelot.
Como suele suceder en la purpúrea noche,
bajo radiantes constelaciones, 
algunos meteoros, trayendo una estela de luz gravitan sobre la 
apacible Shalott. 
Su frente clara y amplia resplandecía al sol; 
con cascos bruñidos pisaba su caballo; 
bajo el yelmo flotaban sus rizos 
negros como el carbón mientras cabalgaba,
mientras cabalgaba hacia Camelot.
Desde la orilla y el río 
Brilló en el cristalino espejo,
"Tiro liro", por el río 
cantaba Sir Lancelot.

Ella dejó el lienzo, dejó el telar, 
dio tres pasos por la habitación, 
vio florecer el lirio en el agua, 
vio la pluma y el yelmo, 
y miró hacia Camelot.
La tela salió volando y ondeó en el vacío; 
El espejo se quebró de lado a lado; 
"la maldición cae sobre mí", gritó 
la Dama de Shalott.

IV parte

Tensos, bajo el tormentoso viento del este, 
los dorados bosques empalidecían, 
la corriente gemía en la ribera, 
el cielo encapotado llovía fuertemente
sobre las torres de Camelot;
Ella descendió y halló una barca 
flotando junto al tronco de un sauce, 
y alrededor de la proa escribió 
"La Dama de Shalott".

Y en la oscura extensión río abajo
-como un audaz vidente en trance, 
contemplando su infortunio-
con turbado semblante 
miró hacia Camelot.
Y al final del día 
la amarra soltó, dejándose llevar; 
la corriente lejos arrastró 
a la Dama de Shalott.

Yaciendo, vestida con níveas telas 
ondeando sueltas a los lados 
-cayendo sobre ella las ligeras hojas- 
a través de los susurros nocturnos 
navegó río abajo hacia Camelot:
Y yendo su proa a la deriva 
entre campos y colinas de sauces, 
oyeron cantar su última canción,
a la Dama de Shalott.
Escucharon una tuna, lastimera, implorante, 
tanto en voz alta voz como en voz baja, 
hasta que su sangre se fue helando lentamente, 
y sus ojos se oscurecieron por completo, 
vueltos hacia las torres de Camelot;
Y es que antes de que fuera llevada por la corriente 
hacia la primera casa junto a la orilla, 
murió cantando su canción, 
la Dama de Shalott. 
Bajo torres y balcones, 
por muros de jardín y tribunas, 
con brillante esbeltez pasó flotando, 
entre las casas, pálida como la muerte 
y silenciosa por Camelot.
A los muelles acudieron, 
caballeros y burgueses, damas y lores, 
y en torno a la proa su nombre leyeron, 
La Dama de Shalott.
¿Quién es? ¿Y qué hace aquí? 
Y junto al iluminado palacio, 
cesaron los sones de vitoreo real; 
y temerosos se persignaron 
todos los caballeros de Camelot:
Pero Lancelot se quedó pensativo; 
dijo, "Tiene un rostro hermoso;
Dios, en su bondad, la llenó de gracia,
a la Dama de Shalott".