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Lilith Rodríguez

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¿Qué puedo decir acerca de mí? Es cosa de verme.
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Dark Neldoreth .

La herida de luna de la pobre loca, la pobre loca de la luna herida ♪
June 08

Que el Azar disponga..

Cuando le preguntaban hacia donde se dirigía, ella respondía que no sabía y que era mejor así. Porque a fin de cuentas, ¿quién sabe algo acerca de su futuro, salvo ciertas señales que no le interesan a casi nadie, por lo obvias? Ella se sentía contenta así, porque formaba parte de aquel casi, porque sentía que era estúpido pensar en matrimonio e hijos cuando afuera, en las calles, había un sol hermoso y el día se veía prometedor. Eso sí, no negaba que se sentía un poco resentida. Un resentimiento que rayaba con la satisfacción. Recordaba la noche en que su padre le dijo: Los que somos diferentes, los que vamos contra la corriente, siempre vamos a estar solos. Sí, lo recordaba demasiado bien. Esa había sido la solución para acabar con cierto problemilla ambulante; eso le había salvado la vida, había impedido que un meteorito cayera sobre su mundo y lo destruyera en un dos por tres.

Meses después, esa revelación la perseguía obstinadamente, pero no se preocupaba por alejarla: dejaba todo en manos del destino. Ella caminaba siempre en el borde entre la tranquilidad y la desesperación, pero nunca consiguió mantener demasiado el equilibrio. Le costaba; trataba de que nada se le notase, pero sus ojos al parecer eran demasiado transparentes. Eso la confundía sobremanera, porque seguía creyéndole a aquel que le había dicho que sus ojos eran intensamente profundos y a aquellos que se sentían llenos de temor por tan sólo un parpadeo. Bueno, no importaba. En esos momentos siempre andaba con lentes, porque había algo en el aire que la incomodaba. Pensaba que ese algo le arrancaría los ojos y se los lanzaría a los pies de un desconocido. A pesar de todo, siempre miraba, siempre observaba, era inevitable.

Ella respondía que no sabía, que no sabía nada, y recibía suspiros de exasperación o miradas de admiración que no comprendía por mucho que se esforzase. Jamás había sentido su cuerpo tan borroso y su mente tan nublada, pero era verano, y muchos vagaban como ella, aunque siempre tenían una respuesta soberbia a todos los cuestionamientos. No los envidiaba por sus futuros esplendorosos, sus amores eternos o sus noches llenas de luz. Pero claro, el resentimiento allí estaba; allí estaban también la nostalgia y el aburrimiento, adormecidos.

Aventura, era una palabra que repetía sin cesar, despierta y dormida, en sueños... Ella lo había intentado, había querido correr riesgos, pero nada había resultado. Así que prefirió dejarse estar, esperar... Detestaba jugar al pillarse con lo desconocido, siendo que las escondidas eran mucho más interesantes. Que la buscaran, total, ella tenía otras cosas en las cuales pensar y mensajes que descifrar... Sí, y si era posible, que la aventura saliera a su encuentro...









Continuará...  para que la rama pueda ser vista, crezca y se multiplique :3
May 25

A improvisar un camino.

 
Sígueme.
 
Estoy aquí, esperando a que muevas tus pies.
No, no esos pies. Los de tu alma.
 
¿Qué como los mueves? Es fácil. Sólo tienes que creer.
 
El viento sopla en mi dirección, aprovéchalo y camina. Camina hacia mí.
Como las hojas que son barridas por el Otoño, como los rayos del Sol que caen en nuestros rostros.
Como el gorjeo de las aves, como la risa eufórica, como los girasoles.
Como los nudos del tronco de un árbol se dibujan a través de los años.
Como tu propia respiración persigue a la mía.
Así debes caminar hacia mí, y cuando estés a mi lado, me seguirás.
 
No atrás. A mi lado.
 
¿Me has escuchado?
 
Escúchame como escuchas a tus propios pensamientos. Porque yo te guiaré a través de las rocas, los ríos, los páramos y los bosques. Te guiaré porque lo deseo, porque todo esto es lo que te entrego. Todo esto eres tú, todo esto soy yo.
 
Ven.
Una vez dado el primer paso, eres de tu camino el creador.
Una vez asumas el riesgo, la aventura se volverá una maravilla.
 
Si te atreves a perseguir sueños tan descabellados, ¿por qué no perseguirte a ti mismo a través de mí?
¿Por qué el miedo?
 
Canalízate.
Equilíbrate.
Aprende a andar nuevamente.
 
¿Qué a donde vamos?
 
Sí, te expliqué el cómo y no el dónde. ¿Por qué?
Porque es una sorpresa.
 
Deja que el torrente destruya la represa.
Sígueme.
May 06

Cuando no se sabe como retroceder..

..y tampoco como avanzar. Es un lío, pero de esos que a una le gustan, porque se sabe de antemano que nada malo y/o preocupante puede ocurrir, dejando las ridiculeces y vergüenzas aparte. Se te revuelven la cabeza y el estómago como si estuvieses a punto de vomitar, y no te quieres ni preguntar por qué aquella situación se asemeja tanto a estar frente a un cadáver podrido y lleno de gusanos.
¡No, no es que sea verdad! Sólo es lo que mi desorbitada mente me obliga a pensar cuando me hallo parada en aquel pedacito de suelo, con las manos retorciéndose y los ojos parpadeando bajo aquellas psicodélicas luces que titilan como si fuesen ovnis a punto de abducirme. Ahhh, y todo parece dar vueltas de repente, y no sabes si te vas a mantener en pie o darte contra el piso. Bueno, da igual; de todas maneras una comete una estupidez. Y no hay por qué arrepentirse, no hay por qué...
 
Sí, acepto esa sensación una y otra vez, con tal de relajarme luego y mirar las nubes como si nada.
Sí, acepto quedarme estancada como poste de luz todos los días y no hacer nada.
Acepto sonreír como estúpida cada centésima de segundo cuando mis cuerdas vocales se enreden (casi siempre).
Acepto balancearme entre la alegría y la melancolía, y caerme de vez en cuando.
Acepto ser abducida por los ovnis.
Acepto desdoblarme sólo para que dulcemente me devuelvan a mi cuerpo.
Acepto, acepto, acepto...
 
Aunque supongo que algún día sabré dar un paso, y luego otro, y otro y otro... Para adelante y para atrás.  Hacia un lado y hacia el otro. Hacia todas partes. No me aturdan más. No, no me aturdiré. Cuando las luces, los arcoiris, estrellas, flores, etc. desaparezcan, será porque retrocedí mucho. Cuando me persigan los girasoles carnívoros será porque avancé mucho, y si doy media vuelta, perderé el tiempo. No podré dar marcha atrás porque ya es camino hecho. No, no sé retroceder. Mejor no saber, y aceptar avanzar. Total, nada malo va a pasarme; sólo me sorprenderé un poco.
May 01

Me hacen pensar...

Ese eterno día, esa eterna hora, ese eterno minuto, ese eterno segundo, esa eterna centésima de segundo... Me hacen pensar paradójicamente que la eternidad no existe, que todo es variable, que el tiempo es y no es, todo depende de si le prestamos atención o no. Y así es, pero sigue pareciéndome tan lenta la manera en la que las horas pasan, como si no hubiese motivación alguna...
 
Es algo que todos saben y sienten, porque somos todos humanos ansiosos, inconformistas, hermosos, contradictorios...
 
De repente, el reloj avanza como si la muerte corriera tras sus agujas, con velocidad, y casi como una tempestad se avecina el clímax, y cuando se va, sigue agitándose en mi corazón desencantado y deseoso de algo más.. Allá a lo lejos veo aquellos remolinos de viento que danzan felices, mientras que acá han arrasado con todo y apenas dejan las ruinas de un momento que fue, pero que promete ser algo mucho mejor próximamente. Por eso, no sé como sentirme.
 
No me hace gracia pensar en el futuro, porque me gustan las sorpresas, pero es inevitable prepararse para que cuando el futuro llegue, yo no me encuentre mal parada. ¿Y me encontré mal parada alguna vez? ¿Este presente que alguna vez fue una caja de sorpresas, hizo que me cayese de tanta impresión? Seguramente sí, y eso me hace pensar... me hace pensar en cosas que gracias a Eru no estoy obligada a decir, y que las diría si supiera exactamente que decir.
 
Me imagino vestida de payaso y con una caja grande envuelta en papel de regalo con una tarjeta que dice "Toma, te regalo tu futuro, pero no lo abras hasta mañana. Sé paciente, y luego me dices si te gustó. Besos, _______ (¿alguien?)". Y yo, la persona más paciente y menos curiosa del mundo, llego y abro la famosa caja, y el futuro se me cae encima, se mete en mis orejas y se cuela por mis ojos, y los poros de mi piel se llenan de ansias, ansias y más ansias. ¡Y maldita sea! El anónimo que me envió el futuro además se da el trabajo de hechizar mi tiempo, y lo vuelve leeento, leeeeeeeeeeeeennnnnnntttttttoooooo, l        e         n        t        o ...
 
Mala suerte, podría decir. Excusa barata, no fue mala suerte, fue mal autocontrol. De todos modos, una se da cuenta después que ese regalo era falso, ese futuro podría haber sido, al igual que muchos otros. ¡Pero ése era especial, podría haber funcionado! No saco nada con frustrarme..
 
No creo en la eternidad, pero a veces la vida pasa como si existiera.. Me hace pensar en todos aquellos y aquellas que le prometen eternidad a medio mundo, con sinceridad sí, pero demasiado imprudentemente. Por dos cosas: porque no saben cumplir lo que prometen, y porque lo eterno no lo manejan las personas como nosotros. Bueno, da lo mismo.. ¡No quiero pensar en el tiempo, me importa un carajo, pero llevo reloj de pulsera y regularmente lo miro para saber! Para saber.. para controlar.. para ver cuantas esperanzas puedo albergar. Y cuando no siento al tiempo correr, la luna baja de las cumbres del cielo y desaparece como el humo. Ahí quedó el momento, ahí quedó la imagen detenida en la memoria, en los ojos de los ojos de los ojos... Pasó el huracán y no me di cuenta..
 
Prefiero no enfurruñarme, sólo pensar, y apretar Play una y otra vez, hasta caer en un sueño inquieto y en una desconcentración total. No se puede seguir así, pero increíblemente yo sigo, y me río porque no hay nada más que hacer. Los soles y las lunas subirán y bajarán como siempre, y llegará el día en que bote a la basura el maldito reloj y me deje llevar por la felicidad que me llenó hoy y no por la que me llenará mañana. Aunque siento curiosidad.. Eso es lo que hace que hayan pasado dos minutos y no una hora en ese momento..
 
Ese eterno día... Ese efímero recuerdo.. Me hacen pensar.
April 29

Ganas.

Ganas de ser. Ganas de saltar. De correr. De detenerse, y mirar el cielo. Ganas de buscar la Luna, de danzarle. Ganas de reír, y luego de llorar. Correr otra vez; no, ahora caminar. Caminar al ritmo de una melodía efímera en el aire, persistente en su mente. Ganas de estirar los brazos, de ofrendarle al cielo su vida en un paso, en un entrechocar de los dedos con la invisibilidad del viento, en un aliento que es suyo y de muchas personas que pasaron por aquella calle, aquella vereda sucia que ella no ve, porque tiene ganas de imaginar. Sí, y ganas de crear con su voz una palabra, luego una frase, luego una estrofa. Cantar con voz suave y seguir caminando como si pendiese de un hilo y diese sus pasos varios centímentros por sobre el suelo. Ganas de flotar, de no dejar huella, no de esa manera. La oscuridad se traga su pálido cuerpo, y algunos faroles guían su catártico caminar, el ritual más sencillo que un ser humano como ella puede realizar. Ganas de escuchar el silencio, ese que se produce cuando ella enmudece y las hojas de los árboles dejan de susurrar. Ganas de girar lentamente, y cada vez más rápido, para ver borroso, marearse y caer en medio de la calle desnuda y fría. Ganas de apoyar una mano en el asfalto y creer que está tocando el suave pasto. Sentir el aroma de la tierra mojada, de las flores silvestres, de las hojas amarillentas. Ganas de levantarse y correr hasta una esquina, para ver si está lloviendo. Ganas de que las gotas de agua acaricien sus cabellos, su rostro, sus brazos, sus manos... Y saltar, revolotear, agradecer. Ganas de escucharse a sí misma chapotear, de cantar con voz alegre. De encontrar una nueva melodía, un nuevo andar. Ganas de mirar el suelo, luego al frente, luego al cielo. Alcanzar una estrella, o dos. Arrancarlas del manto nocturno y meterlas en sus ojos, para que éstos brillen siempre. Ganas de detener la caminata y adquirir un nuevo disfraz con el cual entretenerse. La lluvia ya no existe, y tampoco el pasto, las flores, las hojas doradas por el otoño. Sólo ella, en la calle vacía pero llena de murmullos y de oscuridad donde la luz tenue de los faroles no alcanza a llegar. Sólo ella mirando la Luna, danzándole, e inventando que decir o hacer. Ella tiene ganas de permanecer así siempre, y no llegar jamás a su destino. Ganas de que la felicidad perdure. Ganas de no terminar, aunque sabe que así será. Entonces, ella ya tiene ganas de volver a comenzar.

Rememorando, Parte II.

Lo primero que se me cruzó por la cabeza fue un día, hace algunos años, cuando la mamá de mi amiga Tuli me dijo que tenía modales gitanos. No sé si eso fue bueno o malo, aunque creo que fue interesante ese detalle. Y ahora tengo otro flashback: una noche en Viña del Mar, con mi amiga Julieta. Vimos pasar un grupo de gitanas, y nuestras reacciones fueron completamente diferentes; yo me alegré, y ella se alejó bastante de aquellas muchachas, como si fueran de lo peor.
 
No tengo ni la más mínima idea de por qué recuerdo eso, y no otras cosas que podrían ser más importantes. Algún lector seguramente podrá pensar que no tengo ninguna experiencia interesante, aunque creo que es sólo paranoia mía.
 
Creo que todo deriva de la música, pero ese es tema que seguiré en otro momento. Ahora escucho una canción que me hace rememorar el matrimonio del papá de Julieta, cuando el rabino (creo) se puso a tocar el acordeón, y todos comenzaron a bailar felices y en conjunto con la multitud. No tuve oportunidad de sentirme apartada, los judíos son gente muy cálida y amable. Me sentí satisfecha esa noche, como casi siempre me pasa cuando conozco a gente nueva y descubro mundos totalmente distintos al mío.
 
Y con mi omi y mi tía nos pusimos a recordar eventos de mi niñez; pequeñas instancias loquillas, sencillas, y algunas bastante peligrosas o para matarse de la risa. Por ejemplo, esas dos veces en las que mi omi me salvó la vida, de puro tonta e inocente que era yo. La primera vez fue cuando era realmente muy chiquitita, y me tragué un parche. Mi omi llegó justo cuando estaba ahogándome con el parche pegado en la garganta, y estaba de todos colores. No sé como lo sacó... La segunda ocasión se presentó cuando un estante junto con un televisor se cayeron encima mío y me aplastaron. Si no hubiese sido por mi mamá, habría quedado hecha una pequeña porción de puré de Lila. Tengo la sensación de que hubo una tercera salvada, pero no la recuerdo. Siempre pensé que me habían atropellado cuando chica, pero sólo era un sueño que se me presentaba continuamente.
 
Ahhh.. y mi hermano Aiol y sus travesuras.. Desde que nació fue un rebelde sin causa, manitos de hacha y cosas por el estilo. Inundó casas, rompió acuarios, quemó basureros, se arrancaba del colegio cuando sólo iba en kinder, etc. Cosas que yo nunca hice ni hubiese hecho. Yo siempre fui de otra onda, aunque hace algún tiempo descubrimos que esa "otra onda" era una versión bastante parecida a la onda de él. Somos hermanos, no puede esperarse más...
 
Nuestros años salvajes son siempre bonitos de recordar, a excepción de ciertos grandes detalles que obviamos como si no hubiesen existido en nuestras vidas. Por lo menos eso pienso yo, no sé él...
 
Esas aventuras que vivíamos cada día, las arrancadas a los potreros, a los territorios ajenos, al río, al cerro, a los túneles húmedos de la acequia amiga; los picnics llenos de fruta, la casa del árbol (que nunca se terminó), las historias que nos inventábamos, la nieve en invierno...
 
Recuerdo cuando me persiguió un potro salvaje y yo morí del miedo, o cuando nos adueñamos de una vieja casa que servía de refugio a los cuatreros, y yo quería remodelarla por completo, pero nadie me tomaba mucho en cuenta. Era la única mujer en esos lares.
¡Y los tesoros que encontrábamos! El frasco lleno de monedas, o el tarro con polvos plateados... Siempre habían cosas tiradas, enterradas o muy bien escondidas..
Y aquellas pociones mágicas que yo hacía, con agua y flores. Me encantaba comer flores, y creía (bueno, sigo creyendo) fervientemente en sus poderes mágicos y curativos. En cambio mi hermano comía tierra, con hormigas y todo.
 
Los días de verano son los que más rápido llegan a mi memoria, porque eran muy largos, frescos, divertidos y llenos de flores amarillas y agua gorgoteando por todos los lugares. Eramos nosotros y la Naturaleza, y había tal armonía en nuestra relación que todo era magia, y la vida era sumamente sencilla y creativa.
 
Es lo que puedo rememorar por el momento, hay muchas muchas cosas más que me gustaría exponer aquí.. Quizás en una tercera parte :)
April 17

La Calle Sin Nombre.

Otro cuento viejo, pero necesario en el bosque.. Dedicado a mi amiga y hermana Merilnen.
 
-- x --
 
Se solía decir, que en una grandiosa y parafernálica ciudad, existía una calle totalmente silenciosa, oscura y aburrida. Desde la avenida principal se podían observar los tachos de basura abiertos, y la mugre colándose por las rendijas de las puertas y ventanas desvencijadas. Una tenue niebla le daba un toque de misterio y un aire desconocido. Nadie entraba a esa calleja, era el detalle horripilante de una metrópolis llena de luces y vida activa.

Sin embargo, también se decía otra cosa. Que la calle era mágica. Si una persona valiente la atravesaba, le podían ocurrir cosas grandiosas; ciertas visiones acudirían expulsando la oscuridad desde ese momento en adelante para quién fuese el atrevido. Quizás que otras maravillas se verían, era algo inimaginable. Aún así, nadie caminaba por la calle sin nombre. A nadie le interesaba, salvo a una persona especial.

Alessandra caminaba con seguridad hacia la entrada de la intrigante calle. Sentía que no tenía nada el mundo que pudiese perder, pero tal vez ganase algo intentando lo que nadie había hecho antes. Las luces eléctricas y vacías de la ciudad no le llamaban la atención, ella quería encontrar su luz interior. Aquella que seguiría iluminando, cuando las ampolletas ya no funcionaran.

Se paró decididamente frente a la negrura y la niebla. ¿Qué pasaría? ¿Qué vería? No lo sabía, y la adrenalina de hallarse ante lo inexplicable la llenaba de energías. Sabía que llegaría al otro lado, viva, y con su alma brillando con nuevas experiencias. Y quería dejar sus penas y pesares atrás, tirados junto al resto de la basura. Tomó una bocanada de aire, y se adentró en el callejón.

Sintió que de pronto, sus ojos se cerraban. ¿O era la oscuridad la que la dejaba a ciegas? Estiró un brazo, sabiendo que pronto alcanzaría algo. Sí, sus dedos pronto chocaron con una puerta, que chirrió con fuerza al abrirse bajo la presión de la mano. Sin ver nada, la muchacha entró al lugar. Escuchó de pronto, risas fuertes, gritos llenos de espanto y angustia, aplausos, maullidos de gatos y susurros de amor. De a poco, y todo a la vez. No se tapó los oídos, no tenía miedo, aunque quería que los ojos volvieran a abrírsele.

Escuchó que la puerta volvía a chirriar. Alguien había entrado tras ella. ¿Había otro ser tan valiente como ella en el planeta? ¿Se hallaría en las mismas condiciones? Sintió los pasos suaves, un suspiro leve, y un aroma que no supo definir, pero que le recordó breves momentos de felicidad. Alessandra dio unos pasos pequeños, tratando de palpar con las manos lo que se le cruzara. De pronto, corría un viento suave, que le refrescaba el rostro, y la guiaba hacia cierta dirección. Sus oídos captaron el sonido del agua corriendo por un arroyo, la brisa contra las hojas de los árboles, el canto de algunas aves. ¿Desde cuando se hallaba allí? Sonrió, había magia en el aire.

Su mano izquierda tocó algo. Algo vivo, que también se movía. Estiró su otra mano, y tocó suavemente otra vez. Ahogó un grito; era un ser humano. La otra persona se quedó inmóvil, respirando con algo de tensión. Alessandra tocó el cabello del otro, era suave y caía un poco largo. Siguió palpando y encontró un rostro firme, unos párpados que deseaban abrirse, una nariz que le pareció respingada, unos labios delgados que se abrían temblorosos. Ella retiró sus manos rápidamente. Ahora fue el turno de que otras manos la tocaran e hicieran el mismo recorrido. Se sintió nerviosa, expectante. Quiso preguntarle quién era, pero no pudo.

Una mano fuerte se aferró a una de ella. Tranquilamente, comenzaron a caminar por el lugar que a ratos parecía una habitación, y un bosque. La puerta se cerró tras ellos. Estaban de vuelta en la calle sin nombre, pero ya no era silenciosa, si no que repleta de ruidos diferentes, como si estuviera llena de gente. Personas imaginarias chocaban contra ella y la encerraban, pero la mano del otro seguía llevándola hacia el final de la calle. El sol pegaba fuerte, y de repente comenzaba a llover. Llovían flores. Flores que se convertían en agua, o agua que se transformaba en flores. Parpadeó, vio una silueta marcada por la lluvia. Y escuchó una voz varonil, susurrándole al oído: “Cuando lleguemos, podremos comprobar si la luz brilla en nuestro interior”.

Alessandra sintió que su corazón latía fuerte. La voz pertenecía a aquel que la acompañaba. ¿Quién era él? No se lo preguntó más. Estiró la mano libre, y unos labios besaron sus dedos, con dulzura. La silueta dejaba de ser borrosa. Juntos siguieron paseando entre las vivencias que sus sentidos lograban captar y guardar en sus corazones. Sin que lo supieran, sus almas ya brillaban, y la oscuridad de la calle sin nombre se apaciguaba. Pronto llegarían al otro lado. La luz se crea a partir de lazos de amor, y magia.

 

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